Alberto Leiva Guillén
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Me llamor Alberto y hago parte de un grupo de estudiantes que fuimos hace poco. Quiero advertir que esta reseña es completamente personal y que en ningún caso represento al grupo o a otras personas.
Al llegar, nos atendió un señor muy amable. Nos dio la bienvenida y nos permitió dejar las maletas en una sala. Al descubrir la habitación, encontramos unas sábanas que eran mucho más pequeñas que el colchón (eran casi imposible de encajar) también, cabe destacar que la mitad de los compañeros no tenían edredón (algunos si algunos no) y lo peor...las toallas (puedo decir con certeza que eran toallas para el suelo (para secarse los pies). La mujer, que hacía el relevo en recepción tardó 1 día y medio en traer toallas más grandes y edredones (seguían sin haber para todos) . LA EXCUSA era aún mejor... cito textualmente lo que dijo la mujer/señorita "Es que somos un albergue" ...... Una cosa es ser un albergue y otra es que se esté cayendo a pedazos la máquina del aire acondicionado.
La limpieza es deficiente, como indicó la mujer, se limpia por la mañana y a medio día, antes de que se vaya el personal de limpieza (Una señora para todo el albergue)
La mujer/señorita nos culpabilizo a nuestro grupo diciendo que éramos los causantes de la suciedad del baño. Me sigo preguntando como no se le cae la cara de vergüenza al decir eso. Me permito indicar que creo que esta señora se piensa que esta trabajando en el hotel Melia de en frente (PD: que por cierto, hubiera pagado millones por alojarme en el al último momento.)
La señora, muy amablemente (incluso demasiado, me sentía que me estaban explicando como colorear en la guarderia) nos indicó a mi y a mi profesora la imposibilidad de privatizar uno de los baños. PD:Lo hicimos igualmente porque en serio que lo de los baños era peor que los de Guantanamo.
Dejando la limpieza y la salubridad...pasemos a las zonas comunes.
Sin más.. aceptable (microondas, neveras, teteras, cubertería, máquina con comida ultra congelada...)
En fin, el señor joven de la recepción, un encanto.
La mujer/señorita era bastante prepotente incluso cuando hablaba con mi profesora adulta.
No volveré.